III. Horror vacui

Menudo sinsabor la exigüidad de ser.

Deleite caduco es ocultar la carencia que en tanto persiste, instiga.

Un solo soplo me empuja al abismo inabordable en cuyo ápice se haya la completud del ser. Sin dilación, me irrue la angustia, se entorpecen mis quehaceres y  embaraza mi maña.

Un vagido visceral me embarga en la faz insoportable del ser no-todo, cotejado con el Absoluto quien, dimanado de mí, conmina con mi obliteración.

Ritornelo tormentoso finge el sosiego al abrigarlo con verdes certidumbres, germen de aledañas y sempiternas postraciones.

Inquiérome.