I. Sobre la volatilidad

Siempre he intentado convencerme de que soy una persona ordenada y mesurada, pero si echo la vista atrás…

Resulta que soy volátil, muy volátil. Paso de una cosa a otra sin parar, de un extremo al contrario y lo que hace un momento me hacía una ilusión tremenda ahora me produce un rechazo cercano al vértigo.

En esta vorágine de emociones que me sacuden apenas hay espacio para parar mientes. Sufro todas ellas, sufro y vivo todo hasta acabar agotado muchas veces sin saber por qué.

Es esa sensación de estar en medio de una tormenta e intentar hacer ver que no pasa nada mientras estas empapado sujetando un pararrayos. De ser una abeja en un día de cierzo. De montar un caballo desbocado cuando en mi vida he montado uno.

La verdad, dan ganas de morirse, de desconectar por un momento y descansar. Dan ganas de intentar demostrarse a uno mismo que puede estar impasible, ordenar su vida y hacer como que no pasa nada teniendo esa imagen de la vida perfecta, la vida sin pasiones que se padecen donde todo funciona matemáticamente, hago x recibo y, creyendo que puedo eliminar ese factor humano, ese factor Gabriel pandemónico.

La verdad, dan ganas de vivir exaltado, de no desconectar en ningún momento de este frenesí.

Mi vida es una lucha por intentar entregarme enteramente a ello o intentar dominarlo y taparlo. ¿Pero acaso no es lo mismo?

En el fondo mi vida es una dedicación y pasión exacerbadas, un dolor y malestar insufrible por alcanzar el ideal que aparece en mi imaginario en ese momento del día, en ese lugar específico.

Sobre la volatilidad.